| Pablo Raúl Guillén Huaroto |
64 añosCargador 16 años en la HNSR Estoy dentro de la hermandad porque encontré un ámbito muy especial como parte de la Familia Sodálite en donde yo podía desarrollar mi fe, mi esperanza, mi amor por la Virgen y que Ella realmente me ha conducido estos últimos años como verdadera Madre; me ha mostrado cual es el verdadero amor que el Señor Jesús nos tiene a cada uno de nosotros y yo he sido bendecido al ser nombrado mayordomo de la Hermandad entre los años 2001 al 2004. En esta pertenencia a la Hermandad vivimos muy intensamente el amor al Señor Jesús y el amor a María para que nosotros vivamos este amor especialmente con nuestras familias, nuestras esposas, nuestros hijos, en los ámbitos de las capillas, con las cuadrillas, en donde nosotros damos el testimonio permanente del servicio a la Iglesia y del servicio al Señor.Yo como hermano de esta Hermandad de Nuestra Señora de la Reconciliación he sentido en lo más profundo de mi ser que Santa María es nuestra Madre. Que como Madre nos cuida, nos protege intercede por nosotros, especialmente por mí porque durante mis actividades anteriores, que yo tenía antes de llegar a ser hermano, sentí realmente el llamado del Señor a seguirle especialmente. Igualmente al castísimo San José del cuál yo soy muy devoto y a quien le imploro siempre por mi conversión. Todavía sigo trabajando por la Iglesia, ayudando a los hermanos. Pertenecer a la Hermandad significó para mí un ámbito en el cual he encontrado a muchos hermanos nuestros que tienen una fe tremenda, que tienen un amor muy profundo por nuestra santísima Madre, la Virgen María en la advocación de Nuestra Señora de la Reconciliación. Estoy convencido plenamente que María es la que intercede por nosotros ante Dios para que cada uno de nosotros seamos convertidos y trabajemos con mucho amor y con mucha esperanza.En el año 2003 yo tenía el cargo de mayordomo, y mi compadre, que se llama Abelardo Huaman Huayta, cayó gravemente enfermo en el Hospital del Empleado el primer día que empezábamos el recorrido de ese año. Entonces yo al enterarme del problema fui al hospital, lo visité, y siempre que voy a visitar a un enfermo llevo a la imagen de Nuestra Virgen, y lo encontré totalmente agónico y solamente atiné a colocarle la imagen debajo de su almohada y pedirle al médico que lo trataba que no vayan a sacarle la imagen de donde la había dejado. Hablé con su esposa, mi comadre, le di fuerzas y ánimo. Ya no volví a verlo por las actividades de la procesión. El primer día que comenzó la procesión le imploré a la Virgen para que interceda por él, porque también es su hijo y porque estaba completamente seguro de que Ella me iba a escuchar. Entonces pasaron todas las fiestas, desde el 1ro al 15 de agosto y todo el recorrido oficial y extraoficial, que tenemos en el año, en cada misa, yo le encomendaba a mi compadre a nuestra Madre para que ella pueda concederle las gracias de la salud. El día 16 de agosto, terminaban ya las fiestas y todas las actividades, yo fui a visitar a mi compadre que no lo había visto desde el 1ro de agosto y lo encontré bien y que lo iban a trasladar a una sala, porque su salud se había recuperado enormemente. Yo considero que ésta es una gracia recibida. Cuando le conté a mi compadre lo que yo había hecho y él me agradeció y le agradecimos juntos a la Virgen de nuestra Hermandad. Mi compadre no era constante en las procesiones su presencia, pero ahora él es un gran devoto de Nuestra Señora de la Reconciliación y él agradece eternamente a nuestra Madre de que le haya concedido este milagro como yo de haberlo presenciado. |